Si bien como ya he comentado, no fue mi primer escrito, sí es la primera obra acabada que he llevado a la luz. Como todo en mi vida (sea bueno o malo) nace del impulso y del caos, más o menos por estas fechas hace tres años me dio por continuar aquellas cien páginas que dejé abandonadas un final de verano. En ellas se podía respirar una jovial, alegre y todavía esperanzada Inés, la cual no es más que un reflejo de mi ser. Esa adolescente vivaz que tanto me costó recuperar, había muerto una vez más; pero el amor, el misterio y la dulzura que emanaban de las inexpertas páginas me impulsó de nuevo a la acción. Como todo lo que agarro, lo agarro con locura y desenfreno, tenía que acabar esa novela antes de que se me fuera el ánimo de nuevo. En apenas un par de meses concluí la otra mitad. Como poseída por algo que solo podía ser una vez en la vida, me decidí a publicarla.
Mi inseguridad me impidió apostar a lo grande, y menos mal que no lo hice, porque todavía tenía muchas cosas por aprender; las largas esperas y los crudos juicios me hubieran vuelto a desanimar y a apartarme, quizá, para siempre de la escritura. A pesar de mi florido y agradable vocabulario, y de la conexión que lograba con el lector, pecaba de un defecto intolerable: ¡hasta hace poco que he estado plagada de faltas ortográficas, de puntuación y expresión! ¡Válgame el cielo! ¿Cómo había podido olvidar tantas cosas desde el bachillerato? Claro… como en la universidad no te descontaban por faltas, y luego la vida laboral es otro cantar, uno se acomoda.
Gracias a un amigo –también caótico y escritor, pero con más rodaje que yo–, conocí la que se convertiría en mi editorial: Ediciones Carena, una pequeña editorial independiente situada en mi barrio barcelonés, con la que ya había publicado él y estaba bastante satisfecho. Al poco tiempo firmamos bajo el lema de la co-edición (lo cual trataré más adelante junto a otras dudas que seguro surgirán). Gracias a este modelo de contrato, por un módico precio tuve acceso a un editor que revisó y corrigió la obra, y a un equipo que me ayudó a realizar una crítica constructiva. Junto a un fotógrafo conocido mío, realizamos la portada que posteriormente se editaría por el departamento de maquetación. En medio año de trabajo sin parar pude ver mi sueño hecho realidad, palpándolo con mis manos.
El sábado 27 de octubre de 2018 protagonicé mi presentación junto a Jesús Martínez (representante de la editorial) y Luca Leonardi (mi preciado amigo, primer crítico, lector y corrector) en la librería ALIBRI del centro de la ciudad. Al acto asistieron varios amigos, familiares de amigos y conocidos. Fue un emocionante momento, aunque también el inicio de una profesión difícil y solitaria; pues cuando empiezas por libre, sin propaganda ni siendo conocido, te enfrentas a la dura realidad de que los únicos que probablemente te seguirán son tus familiares y amigos.
Junto a este pensamiento aconteció “el bajón”, ese instante ya pronosticado que me volvió a sumir por otros tres años en el anonimato, soledad y desencanto; dejando de luchar por mi sueño ya materializado. Y este es el motivo por el cual he creado este blog: la falta de difusión en el mundo tan saturado de información y novedad en el que vivimos, condena a las obras de autores desconocidos a un entierro perpetuo y sin ovación. Así que no lo repetiré una segunda vez. Ahora sí voy a cuidar mi sueño, mi creación y trabajo.
Os presento a “El hechizo de las hadas”, de J.I.Pyke. Novela juvenil de fantasía, en la cual podréis resucitar a vuestro antiguo yo, volviéndoos a enamorar de lo sencillo y de la vida. Recordando cómo se sentía al ser original y sincero, al creer en la magia y en el poder que llevamos dentro.
«¿Alguna vez divisaste un haz de luz pasar por el rabillo de tu ojo?»
Así comienza la historia de Inés, una joven todavía inocente y fascinada con las maravillas de la vida, que viaja a su tierra paterna, Inglaterra, en busca de un cambio de aires para encontrar su destino e identidad. Todo se torcerá tras la aparición del misterioso Ellis, apuesto hechicero dispuesto a enseñarle cosas nuevas.
«¡Báilame ese vals que embauque y usurpe mi alma! ¡Quítame el aliento, bella hada, que con tu belleza y gracia a las gentes mantienes hechizadas! ¿Acaso tomarás mi vida o de mí beberás? Déjame seca del néctar, guíame a un precipicio fatal, arrebátame el fulgor de mi juventud para dejarme en tus ramas reposar. ¡Oh embelésame, no me importa mi final! Pues en tus brazos me he ido a entregar...»

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