Y aquí llega otra de las grandes etapas en la vida de todo aspirante a escritor, participar en concursos literarios y… ¡poder ganar alguno!
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| Eleuterio y Carmina. ©Víctor Martín |
Narra las experiencias cercanas a la muerte de un anciano hospitalizado en planta covid, afectado además de alzhéimer; y la humanidad recibida por parte del personal sanitario, el cual se asemeja a los cuidados de su difunta esposa, la cual rememora constantemente. Relato que casa la fantasía con la realidad, repleto de numerosos elementos simbólicos para quien guste analizarlos.
Link al escrito: https://www.sanrafaelnebrija.com/vida-universitaria/certamen-literario/
Link al audio-cuento: https://www.youtube.com/watch?v=VDI3N5HezK4 , precioso regalo inesperado con ilustraciones y voz principal del Hno. Víctor Martín.
Como ya mencioné en la primera entrada a modo de presentación, hace tan solo medio año tomé la firme decisión de volver a luchar por mi sueño artístico. Soy una persona demasiado autocrítica, sensible, exigente y voluble; así que del mismo modo como me obsesiono con algo, también pierdo el interés rápido. Desde entonces hasta la fecha he redactado 7 relatos breves (entre 2 y 10 páginas) y 4 microrrelatos (entre 90 y 330 palabras), sin contar otras 2y2 chapucerías que me dieron vergüenza ajena luego XD.
Mis dos relatos favoritos fueron los primeros, y los más largos; sin embargo, tenían tal barbaridad de faltas, repeticiones, incoherencias, problemas de puntuación y etcétera que no me sorprende que no ganaran nada. Hasta hace relativamente poco (este diciembre) no me había dado cuenta de que tenía esos soberanos problemas. Seguramente la mayoría de gente dirá que exagero, pero los jueces de los concursos son muy puntillosos con esas cosas, y con razón; a poder elegir entre una buena historia bien escrita y con calidad, y otra llena de faltas, es obvio por cual se decantarán. A partir de ese punto, aproveché las tardes libres de trabajo para ponerme a estudiar de nuevo todo lo olvidado por los años de falta de hábito: RAE arriba y abajo, diccionarios de sinónimos, la Fundéu… Y fui aún más lejos contratando una profesora particular y presencial de filología castellana. Entonces corregí como por vigésima vez ambos relatos y los volví a enviar a otro concurso una vez descartado fallo. Siento que he avanzado un mundo, y aunque fuera anterior a la profesora, el relato ganador de mi primer certamen muestra la recompensa a un duro trabajo y ambición.


